LA ESCUELA, UNA GRAN OPORTUNIDAD PARA FOMENTAR ENTORNOS SEGUROS


Opinión - Día del Camino y la Educación Vial - En lo que va del año Safety Group organizó 236 jornadas que alcanzaron a 28.257 alumnos de nivel inicial, primario y secundaria en 9 provincias de la Argentina

 

Por Axel Dell`olio, socio Gerente de Safety Group

Gracias a los aportes de las investigaciones de organismos internacionales sabemos que las políticas nacionales de un país tienen correlación directa con la mortalidad por lesiones en general y por las vinculadas a siniestros viales. “Cuanto más políticas (efectivas) menor es la mortalidad por lesiones viales”, explica la doctora Maristela G. Monteiro, asesora regional sobre abuso de alcohol y sustancias en la Organización Panamericana de la Salud.

La necesidad de elaborar una política pública y federal cobra más valor al comprender que, de todas las muertes atribuibles al alcohol, el 28% se debe a lesiones como las causadas por siniestros de tránsito, o autolesiones como el suicidio y la violencia interpersonal.

Aunque los datos provenientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son globales, dan cuenta de los síntomas de la problemática y muestran por dónde se puede comenzar para trazar acciones tendientes a disminuir la siniestralidad vial.

A partir de la intervención con acciones en municipios y provincias de nuestro país, o simplemente siguiendo a Monteiro, entendemos que para tener seguridad vial es necesario desarrollar políticas nacionales para la regulación del alcohol y el rol de la educación es clave.

Las encuestas escolares muestran que en muchos países el consumo de alcohol comienza antes de los 15 años, con diferencias muy pequeñas entre niños y niñas. Alrededor de esos años los niños comienzan a ganar autonomía, pero ya como adolescentes, se mueven solos en la calle, realizan viajes en medios de transporte público, se suben al auto de algún amigo y al poco tiempo conducen moto o auto; por eso, debemos acercarnos y hablarles sin merodeos: drogas, alcohol, excesos, velocidad, existen.

Mientras esperamos que la ley de Educación Vial –sancionada en 1986- se cumpla en todos los niveles de escolarización, les propongo aprovechar la oportunidad que nos brindan los niños y jóvenes para generar el cambio cultural que se necesita en materia de seguridad vial.

Entonces, no intentemos negar porque nos perdemos la posibilidad de llegar a nuestros hijos con un mensaje claro y concientizador a cerca de los riesgos de la calle y cómo aumenta la vulnerabilidad si se encuentran bajo los efectos de alguna sustancia.

La OMS destaca también que las personas de entre 15 y 44 años representan el 48% de las defunciones por hechos de tránsito en todo el mundo. Además, pone en evidencia que los varones tienen más probabilidades que las mujeres de verse involucrados en siniestros de tránsito y que más del 70 por ciento de todas las defunciones por siniestros viales afectan a hombres menores de 25 años.

Para que la Educación Vial sea efectiva no basta con enseñar los colores del semáforo y la señal de pare a un alumno de 2º grado; necesitamos construir políticas que atraviesen de forma curricular los contenidos, con estrategias pedagógicas según edad y adaptables a las características de cada región de la Argentina.

Los niños distinguen con simples ejemplos lo que está bien de la contravención, pero en algún momento comienzan a contaminarse por el mensaje que transmiten los adultos, los medios y otros actores que se vuelven referentes.

Por eso, debemos apuntar al trasfondo de la problemática, empatizar y enseñarles a ponerse en el lugar del otro, que en cualquier momento podemos ser nosotros mismos.

En una época de fuerte empoderamiento de distintos colectivos sociales, comenzar a tomar conciencia sobre los riesgos y las responsabilidades que tenemos al circular por la vía pública, se puede transformar en una gran oportunidad para dejar de perder vidas sobre el pavimento.

Ante la mínima posibilidad hablemos con los jóvenes sobre las consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol -u otras sustancias psicoactivas. Básicamente: aumenta el riesgo de un siniestro con desenlace fatal o lesiones graves, la distracción comienza incluso con bajos niveles de concentración de alcohol en sangre y aumenta considerablemente cuando es ≥ 0,04 g/dl.